La universidad del crimen
(continuación)

En su primera media docena de “trabajos” con los amigos de sus amigos, debe asumir los puestos y misiones más peligrosos. Así que tiene una excelente posibilidad de que la vigilante, valiente e inteligente policía le mate de un balazo o que le arreste.

Si pasa esta prueba de fuego, es un hombre más sabio. Y así como la guerra desarrolla el ingenio en un “combatiente individual” de modo que sobrevive al resto de su compañía bajo cualquier tipo de condiciones, de esta forma la experiencia le sirve como un escudo al ahora endurecido criminal.

De forma totalmente natural él sigue la única profesión para la cual recibió preparación intensiva alguna vez. No importa cuántas veces sea arrestado, su sentido de importancia le prohibe pensar que pueda volver a ocurrir. El que sea arrestado, una y otra vez, es inevitable, tan inevitable como el hecho de que un tribunal de libertad condicional lo volverá a soltar.

Regresa a prisión como un graduado que regresa a su alma mater, y hay más verdad que sarcasmo en eso. Es de lo más asombroso escuchar a estos hombres cuando se sientan para intercambiar experiencias.

“¿En el treinta y tres? Sí, estuve en chirona en Leavenworth. Jimmy Fenton estaba ahí”.

“¿Ah sí? Vaya, no me digas. Este menda y él estuvimos en Alcatraz. Tuvimos a un duro esbirro ahí...”

Y la apariencia de estos tipos es igualmente asombrosa. Un bondadoso caballero de edad, tenía una lista extensiva de “trabajitos” como para enviarle a cuatro penitenciarías principales.

Es un triste defecto del anglosajón el insistir en que se presente una solución a cada problema que se plantee.

Hay muchas más soluciones en lugar de la fácil, torpe y estúpida de enviar a un joven adolescente a prisión. Existen las suficientes soluciones como para llenar una enciclopedia. Pero la raza humana se ha vuelto tan educada o ineducada, que el deseo de “que regrese-al-seno-materno” predomina a tal grado que la mayoría de los hombres no son conscientes de ninguna otra solución.

Baste decir que la disciplina en lugar de la educación criminal mediante la prisión ha cambiado el destino de muchos más hombres de los que se atreven a admitirlo.

Un joven, que actualmente lleva ya cuatro años sirviendo en el Marine Corps de Estados Unidos, comenzó su carrera criminal robando autos y causando disturbios en general a la policía y al público. Un juez le hizo saber que podía pasar dos años en la penitenciaría o cuatro años en los Marines y que él debía elegir. Como marine tiene una hoja de servicios intachable, por su inteligencia ha ascendido hasta cabo y la última vez que se le vio, estaba estudiando temas diversos relacionados con empeños útiles en el mundo civil.

El Marine Corps de Estados Unidos probablemente se enfrentaría, todos a una, desde el amanecer hasta la puesta de sol, para condenar tal exposición pública. No muchos jóvenes han tenido la suerte de ese cabo y los casos en los que el joven ha tenido la oportunidad de escoger son lamentablemente escasos. El cabo tuvo algunos sargentos duros en Parris Island (base de Marine Corps en Carolina del Sur) que le sacaron todas las tonterías de la cabeza y así salió como un tipo saludable y coherente.



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