![]()
pesar del millón de americanos que permanecen ahora en las prisiones del estado y en las prisiones federales, No hay ninguna razón real, declaró
L. Ronald Hubbard, por la que el criminal no pueda ser detectado y también reformado. Aunque la primera utilización de la tecnología de LRH para la rehabilitación de criminales vino con la publicación de Dianética en 1950, de hecho fue dos años más tarde cuando comenzó el primer programa formalmente. Una aventura bastante modesta, financiada con los fondos obtenidos por las conferencias de LRH, se dotó de miembros de la Asociación de Cienciólogos Hubbard de Londres y tenía como meta la rehabilitación de los delincuentes juveniles ingleses. Para 1954, se había lanzado un programa con similares intenciones, en la prisión Folsom de California, y el escenario para la fundación de Criminon (sin crimen) se había establecido de manera efectiva, al igual que para la introducción de El Camino a la Felicidad directamente al sistema de penitenciarías.Inspirado por el extraordinario éxito de la tecnología de LRH en la rehabilitación de los presos -particularmente de los drogadictos- en una prisión del estado de Arizona, Criminon se inauguró oficialmente en Nueva Zelanda en 1967. Al final de una década, el programa se había convertido en un movimiento verdaderamente internacional; mientras hoy Criminon proporciona las tecnologías de LRH y de El Camino a la Felicidad en unas trescientas prisiones de Estados Unidos para beneficio de miles de presos, así como también en prisiones de Canadá, México, Argentina, Sudáfrica, el Reino Unido, Hungría, Polonia y Suecia.
Además de las herramientas de LRH para la ética y el curso por correspondencia de El Camino a la Felicidad para ayudar a los presos con la aplicación de los veintiún preceptos, el plan de estudios característico de Criminon incluye: el Curso para mejorar el aprendizaje de LRH, para incrementar las destrezas de estudio, el Curso de altibajos en la vida, para ayudar al preso a evitar que recaiga en la criminalidad después de salir de prisión, y el Curso de comunicación y percepción para ayudarle a encarar la vida en vez de retirarse de ella: el mismo acto que precipitó originalmente la condición criminal. El programa Criminon lo entregan más de cien instructores de curso voluntarios, algunos trabajando directamente con los presos, particularmente jóvenes, mientras que otros administran los cursos por correspondencia. No hace falta decir, que el programa no permite el uso tan generalizado de las drogas psiquiátricas o la igualmente destructiva terapia de aversión.


