“Tengo un punto de vista mental positivo, y las cosas están yendo bien para mí incluso estando en la cárcel. El Camino a la Felicidad se ha convertido en una fuerza orientadora en mi vida mientras intento rehabilitarme a mí mismo y convertirme en un miembro productivo de la sociedad otra vez. Estoy tan impresionado con este curso que una de mis metas es dedicar una parte de mi vida a ayudar a otra gente a encontrar El Camino a la Felicidad”. (R. A., Prisión de Deerlodge, Maryland)

“Estoy especialmente feliz de aprovechar esta oportunidad de responder en un tema que delinea mis beneficios personales al estudiar y ser guiado en El Camino a la Felicidad por L. Ronald Hubbard. Fuera y dentro de la prisión hay quienes todavía cuestionan en sus mentes y sus corazones la proposición de si los malhechores pueden aprender a cambiar su forma de vivir. Es esencial que todos los que están encarcelados oigan alguna otra cosa además del negativismo que se dirige hacia ellos. Este curso me ha ayudado a redefinir mi propia realidad y a hacer esfuerzos coordinados hacia mi propio cambio y el de mis compañeros de prisión. Para mí ha sido un emocionante desafío lograr y saber que ahora tengo abiertas muchas oportunidades ante mí, ahora que he encontrado y encarado lo que faltaba en mi descarriada vida”. (M. S., Reino Unido)

“Siento que El Camino a la Felicidad ha cambiado enormemente mis sentimientos y valores, y así pues, ha tenido un resultado favorable. Miro a la vida y a las demás personas de forma diferente porque ahora tengo una responsabilidad de vivir por más que por mí mismo. Tengo valores morales que he ganado de su curso. Sé que debo vivir mi vida de una manera que sea un beneficio para los demás. Los cambios sociales y morales son necesarios para prevenir los problemas que encaramos en América hoy en día. He adquirido el deseo de cambiar mi vida, y cómo debo desarrollar buenos hábitos morales. Y como ayudo a otros que están a mi alrededor, estoy seguro que lentamente desarrollaré mejores hábitos. Según crezco, puedo ayudar a los demás, y estoy seguro de desarrollarme mentalmente al limpiar las heridas y los fallos del pasado.

“Sí, El Camino a la Felicidad me ha ayudado a darme cuenta de que debo cambiar si voy a ser un superviviente. Y quizás, a lo largo del camino, podré ser capaz de ayudar a otros. Su libro es una gran ayuda, así que continúe haciendo un buen trabajo y siga ofreciendo esa ayuda a los demás”. (T. R., Prisión del Estado de Arizona)

El Camino a la Felicidad me ha enseñado, realmente, lo importante que es respetar la necesidad de ser una buena persona. Al estudiar este curso he ganado muchos amigos y todos parecen apreciar mi amistad. Antes de hacer este curso, solía tener una actitud de ’no me importa’ y como resultado recibía el mismo trato de la gente a mi alrededor. He tomado un compromiso diario, y siempre desde que hice el curso, de practicar estas virtudes y mi actitud ha cambiado inmensamente. Mi vida es mucho más feliz y así también la gente con la que trato diariamente. No hay duda de que la verdadera felicidad sólo se puede obtener haciendo felices a los demás. Sí, he conseguido una meta que nadie me puede arrancar... felicidad”. (A. P., Penitenciaría del Estado de Indiana)

“He tenido el placer de ver el Programa Criminon en acción en mi unidad de la Dependencia Juvenil Central. Esta unidad aloja a menores acusados de los más serios delitos, incluyendo el asesinato.

“Ante todo, quisiera decir que este programa ayuda tremendamente al personal que se ocupa de los presos debido a su capacidad de tranquilizar a los jóvenes que lo siguen. Estos menores se volvieron perceptiblemente mucho menos hostiles entre ellos y con el personal, y ya no pierden los estribos. Empezaron a hablar con nosotros (el personal) con mucho más respeto que antes y dejaron de hablarnos en jerga de pandillas. Incluso su vocabulario mejoró mucho, lo que les ayudó a hablar con normalidad. Yo personalmente noté que cuando los padres de los estudiantes de Criminon venían a visitarnos los domingos, recibían mucho más respeto de sus chicos que antes.

“Uno de los resultados extraordinarios de este programa ha sido que varios menores admitieron que ahora sienten remordimiento por lo que han hecho en el pasado. Este tipo de afirmación es en extremo inusual entre individuos de esta naturaleza.

“Finalmente, me gustaría decir que los menores relacionados con el Programa Criminon no han estado encerrados durante mucho, mucho tiempo, y no tenemos problemas de disciplina con ellos.

“Recomiendo encarecidamente este programa. En mi opinión debería ser obligatorio para todos los menores que entran en la Dependencia Juvenil”. (C. T., Supervisor de Grupo, Dependencia Juvenil Central, Los Ángeles, California)

Después de cumplir 5 años en la prisión de Montana por cargos de robo y drogas, un estudiante del Curso por correspondencia de El Camino a la Felicidad escribió a Criminon explicando cómo El Camino a la Felicidad había cambiado su vida: “La mayoría de la gente me conoce como la persona estable que mantiene a su familia de cuatro niños. Estoy felizmente casado, con un trabajo estable y cuidando de mis responsabilidades. Pero antes de que El Camino a la Felicidad llegara a mi vida, yo estaba en la calle y en la cárcel”.

“Estar en la cárcel no es divertido en absoluto. No hay dirección. Te das cuenta de esto inmediatamente. Por la razón que sea, en la prisión no hay rehabilitación. Es un almacén. Y El Camino a la Felicidad te da una dirección, ciertos pasos que puedes aplicar a tu vida que te dan una dirección hacia fuera, lejos de ese juego. El Camino a la Felicidad fue la dirección hacia afuera de eso, fue el camino de salida de esa máquina que se perpetúa continuamente. El crimen y todo lo demás,... El Camino a la Felicidad me dio una dirección a seguir que continúa manteniéndome lejos de la prisión, siendo un ciudadano productivo, y ayudando a la sociedad con las cosas que siento que puedo devolver a la sociedad.” (M. G., San Quentin, California)

“Me enteré de El Camino a la Felicidad cuando estaba en el Centro de Rehabilitación de California en Norco, California: no hay mucha rehabilitación ahí. Hice El Camino a la Felicidad. Fue un buen curso. Me hizo ver cómo estaba viviendo mi vida y cómo podía cambiarla. Me hizo cambiar mi vida. Ahora soy más honesto.

“Antes de salir de la prisión hice que tres muchachos empezaran en El Camino a la Felicidad”. (A. S., Norco, California)


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