Ética y justicia
(continuación)


Para explicarlo: en términos muy sencillos, cuando uno habla de supervivencia, uno no habla de un estado estático. Más bien, estos son grados definidos de conducta ética y de esta forma, niveles de supervivencia. Consecuentemente, uno puede sobrevivir más o menos bien, pero puede todavía disfrutar de mucho mejoramiento. Con la ética de LRH viene, entonces, no sólo la descripción de estos diferentes estados o conditiones de ética, sino los pasos exactos o fórmulas que uno toma para mejorar una condición. En total, ha nombrado doce condiciones, que incluyen el estado de confusión completa, en el que uno virtualmente es incapaz de ninguna acción constructiva, pasando por los estados de emergencia y normal hasta una condición de poder estable. Como se implica, estas condiciones y sus fórmulas que se llevan a cabo paso a paso fluyen de una a la siguiente para un mejoramiento continuo y gradual. Como también se implica, estas condiciones y sus fórmulas no son arbitrarias; no fueron inventadas. Reflejan las leyes naturales e inextricables que gobiernan la supervivencia de todas las cosas, cómo crecen o disminuyen, prosperan o perecen. Así pues,
aunque fueron escritas originalmente para usarse en las organizaciones de Scientology, estas condiciones y sus fórmulas se pueden aplicar a cualquier empeño y a todos los sectores de la sociedad, incluso, como veremos, al sector criminal.

No es menos ampliamente funcional lo que complementa de forma natural la tecnología de ética de LRH: El sistema de justicia de L. Ronald Hubbard. “Cuando un individuo deja de imponerse la ética a sí mismo”, explica con gran sencillez, “el grupo toma medidas en su contra y a esto se le llama justicia”. Como esta declaración implica, la justicia sólo se debería usar hasta el momento en el que la propia ética de la persona “la convirtiera en compañía adecuada para sus semejantes”. De otra forma, y aquí radica lo que él condenó como el punto débil desde Hammurabi en adelante, “la justicia se convierte en un fin último en sí misma”.

Esta declaración es crucial y penetra directamente hasta el núcleo de todo lo que se considera que está mal con el crimen y el castigo del siglo XX, incluyendo la justicia como un instrumento para la venganza popular, o un desagüe más o menos obstruido al que echamos a los indeseables. En cualquier caso, como agrega LRH significativamente: “Se piensa poco en administrar justicia de manera que los individuos puedan mejorar”. Por supuesto, las estadísticas confirman que tiene razón: Un 80% de reincidencia entre los convictos de Estados Unidos, mientras que alrededor de un 50% de todos los americanos finalmente han reconocido que el propósito de la justicia es el castigo: simple y llanamente. (Lo que todavía no han reconocido es lo que la justicia sin reforma nos ha traido: a saber, más de cinco millones de personas, ya sea tras los barrotes, en período de prueba o en libertad condicional: o casi el mismo número de jóvenes que asisten actualmente a la universidad.)

La solución de LRH es un sistema de justicia tan equitativo y funcional como su sistema para la ética personal. Una vez más, aunque diseñados originalmente para usarse dentro de las organizaciones de Scientology, los principios se pueden aplicar a cualquier circunstancia. Se incluye el grado apropiado de las acciones de justicia de acuerdo al grado de severidad, la teoría y la práctica de la petición como un medio para solicitar la reparación de daños y la delineación de premios y castigos de acuerdo a la producción. También, indudablemente, se incluyen los instrumentos para la rehabilitación por medio de la justicia hasta un punto de ética personal en el que, como LRH reitera: “la justicia deja de ser el tema de vital importancia en el que lo han convertido”.

Todas las nociones de ética y justicia, observó Ronald en cierta ocasión, han tenido tradicionalmente sólo uno de estos dos objetivos: Cortar una cabeza u otorgar el perdón. En esta era peculiar de “barbarismo ilustrado”, como él lo ha expresado de forma tan apropiada, las maquinaciones pueden haberse vuelto excepcionalmente complejas, entre los rituales de los procesos de negociación y las apelaciones (produciendo cuando menos en Estados Unidos, una industria legal que hace parecer insignificantes virtualmente a todos los demás sectores económicos). Pero cuando todo se reduce a lo más esencial, - a ese mazo que resuena inexorablemente en el estrado - los resultados tienen sólo dos aspectos: El castigo o el indulto. No es algo insignificante, entonces, decir que aquí están los medios por los cuales “el hombre puede aprender a imponerse la ética a sí mismo y salir del atolladero”. Aquí está el “flamante resultado cuyo igual nadie ha soñado jamás”.

En la actualidad, la tecnología por medio de la cual se obtienen esos resultados se puede encontrar en Introducción a la Ética de Scientology de L. Ronald Hubbard. Dentro de esa obra están los cimientos de todo lo que se ha presentado aquí, incluyendo, como veremos también, los medios por los que incluso los criminales al parecer más incorregibles pueden, paso a paso, colocarse de nuevo en el camino de la honestidad, la decencia y el respeto de sí mismos.

Introducción a la Ética de Scientology de L. Ronald Hubbard contiene toda la tecnología básica para aplicar con éxito sus descubrimientos sobre la ética y la justicia: “flamante resultado cuyo igual nadie ha soñado jamás”.



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