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ENEMOS LAS RESPUESTAS AL SUFRIMIENTO HUMANO, declaró con toda verdad L. Ronald Hubbard, y están disponibles para todos. En particular, habló de un medio para sustituir la intolerancia con la bondad, la criminalidad con la decencia, la degradación con la dignidad y el honor. En suma, habló de todo lo que sus herramientas hacen posible en el logro de una ética personal, su código moral no religioso, El Camino a la Felicidad, y por tanto, de todo lo que él mismo defendió como el filántropo cuya obra ha probado ser más pertinente para este siglo.
Como fundador de Dianética y Scientology, no hay sector de la sociedad en el que no se llegue a sentir la obra de L. Ronald Hubbard. Ya que con estos temas llegan verdades que abarcan toda la existencia. Con todo, dado el número neto de quienes han sido conmovidos por sus escritos sobre la conducta humana ideal -literalmente decenas de millones- uno simplemente no puede hablar de ética y moralidad modernas sin hacer referencia a LRH.
La forma en que Ronald llegó a tratar todos estos temas, y el impacto mundial de sus descubrimientos es, sin lugar a dudas, el tema de esta publicación. Sin embargo, deben comprenderse algunos fundamentos desde el principio. En primer lugar, cuando hablamos de lo que LRH aportó al campo de la ética, hablamos de una tecnología de la ética, un sistema completo para el mejoramiento ético. En el núcleo de este sistema hay una visión comprensiva de la ética como racionalidad hacia el más alto nivel de supervivencia para todas las cosas. Así pues, la ética se convierte no en una abstracción, sino en una herramienta funcional mediante la cual aseguramos la prosperidad, la felicidad y la supervivencia a lo largo de todos los caminos de la existencia.
La forma en que se utilizan estas herramientas lleva consigo otro descubrimiento de LRH, que concierne a los diversos estados o condiciones de ética que determinan el grado de éxito con que uno sobrevive. Es decir, uno puede estar sobreviviendo más o menos bien de acuerdo al propio nivel de conducta ética, pero todavía es posible un mejoramiento mucho mayor. En consecuencia, encontramos lo que LRH definió como las condiciones de la existencia y sus fórmulas, paso a paso, mediante las cuales estas condiciones pueden mejorarse.
El punto más enfático es que con la tecnología de LRH, la ética ya no es un tema contemplativo para un obtuso debate sobre el bien y el mal. Es una fuerza para el bien, viva, que respira, y que tiene una aplicación real a cada aspecto de nuestras vidas. De igual manera, con El Camino a la Felicidad, la moralidad ya no es una palabra más, que está de moda para los aspirantes políticos y para los debates en programas de radio. Es un arma con la que combatir a todos los jinetes del apocalipsis de este siglo: los disturbios urbanos, la violencia doméstica, la corrupción empresarial y la contaminación. Asimismo, con la tecnología de ética de LRH y El Camino a la Felicidad, viene la solución a la epidemia de criminalidad y, de hecho, al más de un millón de presos en las penitenciarías estatales y federales, sólo en los Estados Unidos.


