
![]()
uando se ponen a cargo del crimen a criminales, el índice de criminalidad se eleva.
Las vertiginosamente ascendentes estadísticas de criminalidad, que la policía está combatiendo, comenzaron a elevarse cuando el psiquiatra y el psicólogo se introdujeron en el campo de la educación y de la ley.
Solía suceder que un crimen era un crimen. Cuando un oficial de policía hacía su deber, su deber se hacía.
Ahora todo eso ha cambiado. Los criminales son inadaptados y toda la sociedad es culpable de que lo sean y el oficial de policía es una bestia por atreverse a interferir con estos pobres tipos.
Los psiquiatras y los psicólogos han desarrollado cuidadosamente una actitud pública anárquica e irresponsable con respecto al crimen.
Lo primero y más importante es que el Hombre es sólo un animal sin alma que no puede responder por sus propios actos. Hacen propaganda del hombre como un robot con botones de estímulo-respuesta y sostienen que sólo ellos saben dónde se encuentran los botones.
Según estos expertos las personas menesterosas siempre se convierten en criminales, así que lo que hay que hacer es que el criminal sea un ser privilegiado con muchos más derechos que la gente normal.
Pero el error principal que se encuentra en esta influencia psiquiátrica y psicológica es que esta gente escapa de la soga del verdugo sólo por el hecho de que proclaman a bombo y platillo que se encuentran por encima de la ley.
Diariamente estos hombres llevan a cabo crímenes de extorsión, violencia física y asesinato, en nombre de la práctica y del tratamiento. No hay un solo psiquiatra vivo, que trabaje en una institución psiquiátrica que, por ley criminal común, no pudiera hacérsele comparecer ante un tribunal y declarársele culpable de extorsión, violencia física y asesinato. Nuestros archivos están llenos de evidencia sobre ellos.
Por medio de un truco mental han hipnotizado a algunos políticos para hacerles creer realmente que están trabajando en la ciencia y que ellos están por encima de la ley ya que es necesario que cometan esos crímenes.
La brutal realidad es que esta gente no tiene ni idea de qué hace funcionar la mente. Si la tuvieran, podrían curar a alguien, ¿no es así? Pero ni lo hacen, ni pueden. Es obvio, ya que las estadísticas del crimen han subido vertiginosamente desde que estos arteros criminales se infiltraron insidiosamente como gusanos en el campo del crimen.
Si pusieras a un verdadero impostor en una sala de máquinas para que la hiciera funcionar, tu sala de máquinas pronto quedaría hecha pedazos.
Esto es lo que ha sucedido en la sociedad. En lugar de dejar que la policía haga su trabajo, toda una nueva jerarquía de expertos impostores se ha impuesto por encima de este campo.
Así pues, hay caos.
Si estos psiquiatras y psicólogos y sus grupos Nacionales de Salud Mental conocieran su trabajo, las estadísticas del crimen estarían descendiendo. Obvio. Pero no es así. Las estadísticas del crimen, desde que estos hombres se han hecho cargo de los tribunales de justicia, las prisiones, la educación y la asistencia social, se han elevado vertiginosamente hasta un punto en el que el policía honesto está cerca de la desesperación.
Cualquier funcionario con experiencia, encargado de la imposición de la ley, sabe más sobre la mente criminal que cualquier psiquiatra con una carrera de 12 años o cualquier psicólogo con una carrera de 6 años.
No es el más pequeño de sus crímenes el que absorban todos los presupuestos para rehabilitar a la gente y lleven a cabo activamente campañas en contra de toda iglesia y todo grupo cívico que solía ayudar en este problema.
Pero entonces, los criminales del nivel realmente más elevado no querrían que se resolviera el problema del crimen. ¿No es así?


