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on la publicación de El Camino a la Felicidad en 1981, llegó una respuesta popular inmediata y considerable. Principalmente, la distribución se logra por medio del patrocinio y la coordinación con la Fundación El Camino a la Felicidad en Los Ángeles. De forma ya habitual, se donan ejemplares en paquetes de una docena en nombre de escuelas, cuerpos cívicos, grupos juveniles, organismos de servicio social, organizaciones de policía y militares. De particular nota, se encuentra la Concerned Businessmens Association of America (Asociación de hombres de negocios preocupados de América), una organización no lucrativa y caritativa, dedicada a asuntos de interés educativo. A través de los esfuerzos de esta asociación, se han puesto más de seis millones de ejemplares de El Camino a la Felicidad en manos de los niños de las escuelas, y se han lanzado dos campañas nacionales con un gran éxito. La primera comprende un concurso en el que a los estudiantes se les pide que demuestren la forma en la que usan el precepto: Da un buen ejemplo, mientras que un segundo concurso les pide a escuelas enteras que eliminen las drogas de los terrenos escolares.
Los que crean que estos concursos podrían fracasar completamente en esta era de cinismo y fría violencia, están equivocados. Hasta la fecha, más de cinco millones de estudiantes en casi ocho mil escuelas primarias, secundarias y preparatorias han participado en el programa; y más recientemente, en un período de sólo dos meses, otros 96.000 estudiantes enviaron textos para el concurso de ensayo sobre El Camino a la Felicidad. Tampoco estamos hablando únicamente de estudiantes de los vecindarios menos problemáticos en términos de estadísticas. Por ejemplo: después de que se distribuyeron ejemplares del libro en las escuelas de la zona Sur Central de Los Ángeles, miembros de la pandilla Crips, notoria por su violencia, de hecho comenzaron a organizar, por su propia iniciativa, su campaña de Protege y mejora tu medio ambiente. A partir de ahí, se vio a miembros de la pandilla limpiando pintadas de las paredes de 130 edificios del vecindario, mientras promovían la distribución de todavía más ejemplares. De manera similar, la distribución de El Camino a la Felicidad en los vecindarios del este de Los Ángeles inspiró la formación espontánea de equipos de fútbol y baloncesto entre jóvenes que previamente peleaban sin tregua, mientras que los homicidios relacionados con pandillas en zonas hispanas adyacentes cayó de 351 a cero. Por tanto, hay razones entonces, para que se haya descrito al folleto como un verdadero don del cielo según líderes de las comunidades de los barrios bajos de la ciudad, y como el catalizador singular más espectacular para el resurgimiento moral del que hayan sido jamás testigos.

