Como miembro de ese equipo de expertos en el asunto, el Club de Exploradores, como alguien que ha navegado por los siete mares, como alguien que ha esquivado balas disparadas con enojo y ha visto a otros no ser capaces de esquivarlas, puedo verificar que cuando se midan todos los horizontes, se dibujen mapas de todos los pantanos, se cartografíen todos los desiertos y se les provea de agua y de rescate instantáneo, todavía quedará ahí, por explorar, un mundo de miedos, melancolías y alegrías desconocidos, todavía quedará un universo de aventura, un universo lo suficientemente poderoso para intimidar a los últimos pocos miles de años de hombres pensantes: Tú. El universo que eres Tú.
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El Avon River sirvió como base de la expedición, mientras el Enchanter (arriba a la derecha y abajo) actuaba como barco explorador. A lo cual podríamos añadir que cuando hablaba de el universo que eres Tú, él se refería a una visión magnificente de nuestras capacidades como seres espirituales, inmortales e infinitos.
Si tal declaración parece no concordar con los asuntos expedicionarios que tienen una aceptación general, no es necesariamente así y, de hecho, un buen número de miembros del Club de Exploradores mencionan haber sido testigos de maravillas que les han dejado preguntándose para siempre qué es lo científicamente aceptable. (Después de su expedición lunar, el astronauta del Apollo 14, Edgar Mitchell, por ejemplo, se dedicó a algo que como mejor se puede describir es como investigación paranormal.) Luego, además, y aún más pertinente, es que todo eso cae en el apartado de investigación para-arqueológica, que incluye los descubrimientos en verdad impresionantes de aquéllos que aparentan haber recordado emplazamientos arqueológicos claves de vidas anteriores.
Las particularidades varían, pero si se acepta la revelación central de Scientology en la que se sostiene que el hombre posee experiencia de muchas vidas a lo largo de muchos siglos, entonces lógicamente aquella experiencia tendría algo que ver en el descubrimiento arqueológico. Entre otros casos que se citan con frecuencia, están los de los niños tibetanos e hindúes que se dice que recuerdan no sólo encarnaciones anteriores, sino la ubicación susceptible de comprobación de reliquias enterradas en lugares que nunca han visitado. Además existen múltiples casos de cienciólogos que recuerdan un nombre (olvidado en otras circunstancias) de una vida anterior para encontrar ese mismo nombre en una lápida igualmente olvidada. Finalmente, y aunque sólo sea en favor de este razonamiento, no se pueden ignorar las sugerencias de Heinrich Schliemann de algo similar en acción, cuando armado sólo de un ejemplar de la Ilíada y la obsesión de toda una vida, desenterrara las ruinas de Troya.



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