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Después de once años de matrimonio, me divorcié. La noche en que dejé a mi esposo, empecé a beber. Después de tres meses bebiendo, empecé a fumar marihuana y a consumir anfetamina y cocaína.
Una noche me vi con mi ex-esposo y me dio a fumar una sustancia blanca que supuse que era anfetamina. Tres horas más tarde descubrí que estaba fumando cocaína pura. En las seis semanas que siguieron a mi primera experiencia con cocaína pura, mi vicio ascendió a siete mil dólares a la semana.
La peor parte de esta historia es que tengo tres hijos. Mi hija me pedía que fuera a verla actuar como animadora en un encuentro deportivo, y no podía ir porque no era capaz de dejar mi pipa por unas dos horas para ver actuar a mi hija.
Mi hijo quería ir al parque de atracciones; yo no podía ir.
Para el cuarto mes, me había encerrado en un cuarto del sótano. No me había quitado la bata durante semanas. No me había bañado ni me había cepillado los dientes.
Una mañana me vi en el espejo por un instante. Esa fue la primera vez que vi la muerte, y era yo. Estaba tan desolada que me desplomé. Logré llegar hasta el teléfono. Mi cuerpo temblaba con tal violencia que apenas podía apretar los botones del teléfono. Finalmente mi hermana respondió al teléfono y vino a verme. Le hablé de mi adicción. Lo había perdido todo.
Empecé a buscar centros de rehabilitación mientras me daban unas increíbles punzadas de dolor en la cabeza. Pero había lista de espera para las rehabilitaciones, estas costaban demasiado o no respondían a mi llamada.
Mi hermano me habló de un centro de rehabilitación que utilizaba la tecnología de L. Ronald Hubbard. Esta sería mi última oportunidad. Me vestí, fui allá y le dije al asesor lo que sentía en la cabeza. Unos días después descubrí que mi cerebro había estado a punto de sufrir una hemorragia. Si hubiera ido a otro centro donde muy probablemente me habrían administrado una droga, podía haber muerto.
Desde ese día, hace dos años y medio, no he vuelto a las andadas. La tecnología de L. Ronald Hubbard me dio los instrumentos para recuperar el control sobre mi vida.
Me fascina ver salir el sol, gente feliz y escuchar el ruido de la vida en la ciudad. Hace dos años y medio casi perdí la vida.
T.V.
Fotografías de Narconon, continúan...
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