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     “La opinión pública”, de la forma en que la expone un grupo de interés especial, raramente es real. El grupo de interés especial alega “la opinión pública” y usa esta declaración de varias formas para hacer, con manipulaciones, que sus oponentes, el tesoro o los libros de leyes se sometan a su voluntad.

     La democracia tiende a ser conveniente para los grupos de interés especial en varias maneras, la más notable de las cuales es la necesidad que un candidato tiene de tener dinero para la campaña, con la cual resultar elegido. Algunos de estos candidatos para cargos democráticos no podrían presentarse en modo alguno sin la influencia o los fondos suministrados por los “grupos de interés especial”.

     Por eso, los grupos de interés especial pueden comprar una voz para empujar sus intereses especiales, ya que el político, no importa lo honesto que sea, ahora se encuentra con que se supone que debe pronunciar ciertas opiniones, adoptar ciertas medidas y desafiar a los oponentes del grupo de interés especial que le proporcionó la influencia y el efectivo para ganar su elección o nombramiento.

     Por eso, una democracia, a medida que se deteriora al pasar a manos de intereses especiales, tiende a no ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (quienes son más del 92%), sino que se vuelve de, por y para los grupos de interés especial (los cuales son menos del 8% de la población total).

     Incluso el político honesto, no consciente de que uno de sus colegas está difundiendo información falsa y ejerciendo presión desde una fuente oculta, puede ser influido por el grupo de interés especial.

     A menudo, tales grupos controlan encubiertamente cierta prensa. También se infiltran en grupos de interés general y empujan alguna versión de su idea fija disfrazada como parte de un grupo de interés general hasta ahora honesto.

     Por ejemplo el magnate de la prensa, Hearst, usó sus periódicos para desarrollar la “amenaza amarilla” (la cual llevó a la guerra de 1941). Pero ahora es sabido que él sólo estaba interesado no en el “malvado japonés” sino en la amenaza que la inmigración abierta de estos expertos peritos agrónomos presentaba a sus propios intereses en los sistemas de regadío, cosechas y terrenos. Él era parte de un grupo de adinerados terratenientes cuyos intereses especiales ocultos eran sus propias posesiones, pero hablaban de patriotismo, auto-sacrificio, pureza racial, nacionalismo y gloria simplemente para engordar su propio bolsillo. Los Hearsts del mundo destrozaron, en buena medida, una era de civilización. No les importó cuántos hombres murieron creyendo en el clamoreo superficial. La siguiente generación se dio cuenta de este juego, y el patriotismo, el idealismo y otros valores murieron porque habían sido corrompidos para servir a los fines egoístas y ocultos de este grupo de interés especial.

     De vez en cuando en la historia, pequeños grupos de ideas fijas se han aliado lo suficiente para penetrar en la vida política, económica y social de la nación, y aprovechándose de algunos desastres generales, han emergido repentinamente como la fuerza triunfante.

     Sus verdaderos objetivos se mantuvieron encubiertos hasta el último momento, y de repente la población se encontró a sí misma oprimida por hombres de interés especial ocupando todos los puestos clave y todas las fuerzas del poder.

     La libertad se desvanece. Repentinamente, la vida política se solidifica en la idea fija. La coacción y el terrorismo aplastan toda oposición.

     Incluso aquellos que ayudaron en el derrocamiento, pero cuyos propios intereses especiales ahora no son necesarios, son aplastados con el resto de la población.

     Ha nacido un totalitarismo.

La evolución del totalitarismo continúa...


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