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     Como oficial naval, sólo tuve un par de contactos con ellos. Uno tuvo que ver con otro oficial que había perdido un teléfono de 7,50 dólares, y esto dio como resultado el despedazamiento de un barco entero. (No lo encontraron). El otro incluyó el descubrimiento de una bomba de sodio en una caja de detonadores para torpedos. Una bomba de sodio absorbe agua del aire y explota cuando el barco está en el mar. Yo pedí que se desembarcara el cargamento y se rechazó mi petición. Dijeron que realmente no era una bomba de sodio. Pero cuando me ofrecí para lanzarla al agua, nunca habrías visto a los “Hombres-G” dispersarse tan rápido.

     En 1950 era bastante obvio que las iglesias americanas estaban sufriendo infiltraciones: un hecho confirmado más tarde por un comité del Congreso.

     Visité la oficina de J. Edgar, y en poco tiempo estaba hablando con el cabeza de las operaciones anticomunistas. Y me dijeron tristemente: “No hay nada que se pueda hacer acerca de los comunistas”.

     Esto, viniendo de el organismo de contrainteligencia de los Estados Unidos, fue bastante interesante, especialmente cuando J. Edgar declaraba en 1919 lo peligroso que era para Estados Unidos.

     Tales cosas me hicieron interesarme en el Departamento de Justicia y en su estrella: J. Edgar Hoover.

     Ahora esa época ha pasado y los archivos han comenzado a filtrar información que hasta ahora estaba bajo riguroso secreto, otra gente está poniendo al descubierto este departamento.

     Pero en general, los crímenes del departamento que están apareciendo, aunque suficientemente serios, no dan una idea de la profundidad de la infamia en la cual se ha hundido este departamento.

     Los índices de criminalidad han subido y subido y se han disparado, y Estados Unidos no ha prosperado.

     Pero bajo todo esto, se han cometido crímenes de verdad.

     En los años 30, John L. Lewis era el jefe del poderoso sindicato laboral CIO (Congress of Industrial Organizations [Congreso de Organizaciones Industriales]) y también de United Mine Workers (Trabajadores Mineros Unidos). Tanto era su poder, que casi derrotó a Roosevelt durante su último mandato como presidente. Cortó el suministro de carbón en los Estados Unidos y forzó la conversión al petróleo (en el cual Lewis tenía un fuerte interés personal) hasta de los ferrocarriles. El trastorno del carbón fue un fuerte golpe para la industria y el transporte, próximos a entrar en la Segunda Guerra Mundial.

     El Departamento de Justicia observaba afablemente mientras todo esto ocurría. Sin embargo, se ha revelado recientemente que John L. Lewis fue el número C180/L del Servicio de Inteligencia Alemán: la Abwehr.

El departamento de justicia contra los americanos continúa...


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