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Las humanidades no han seguido a la par de la ciencia física porque no existen verdaderos científicos en las humanidades. Faltaban las reglas básicas y las costumbres establecidas de los científicos físicos. Un colega médico y un editor de obras psiquiátricas me dijeron que sólo me quedaba el público, así que escribí un libro y llegó a ser sorprendentemente popular.
Justo antes de esta publicación, la Oficina de Investigación Naval de la Armada de los Estados Unidos se acercó a mí y me hizo una amenazadora oferta de que debía ir a trabajar para ellos como civil o me llamarían de nuevo al servicio activo. El proyecto era volver más sugestionables a las personas. Pude renunciar antes de que pudieran llevar a cabo la amenaza. Aunque no tenía queja alguna respecto al verdadero servicio activo, ya antes de la guerra había hecho un servicio en las oficinas de Washington y sabía que era poco lo que yo podía hacer ahí, y no tenía la ambición de hacer sugestionables a las personas.
Este fue el segundo y último contacto relacionado con alguna ayuda para la investigación.
Antes ya había solicitado fondos de algunas fundaciones y no había nada disponible para investigación básica. Pocos comprendían en esa época que la investigación básica tuviera algún valor. Sólo los proyectos específicos para productos específicos reunían los requisitos.
Se formó un grupo para manejar la popularidad del libro Dianética. Pero no proporcionaba ayuda para la investigación, aparte de poner a prueba vitaminas.
En esa época, yo había estado dispuesto a dejar el proyecto. De hecho, tenía prevista otra expedición. Pero el impacto del libro trajo consigo uno de esos brutales ataques paralelos que en ocasiones experimentan los investigadores, y que lanzó mi vida a un caos. Hubo un atentado contra mi vida, escapé por poco a un secuestro y fui reprendido con fuerza por fechorías que nunca había cometido. Rara vez ha habido un cambio tan radical en la vida de un hombre. El lunes, yo era un escritor que gustaba mucho, y el martes era una horrible bestia. El mismo hombre.
Un científico que publica su material para el público o trata de notificar a sus colegas de algún descubrimiento, en ocasiones encuentra que la prensa es un mal aliado.
Durante años, se me lanzaron las acusaciones más extrañas e imaginarias. Los reporteros nunca se me acercaron. Sólo escribieron sobre mí.
No era, ni con mucho, una atmósfera para continuar la investigación, pero bajo una gran tensión y por la responsabilidad que tenía hacia un público que me apoyaba, así lo hice.
Quince años después de ese primer estreno público, fui capaz de desarrollar la tecnología completa que aislara a un ser como fuerza de vida pura. Era la persona en sí. Y mucho más fuerte y más capaz.
En los dos años siguientes, a pesar de fuertes tensiones administrativas y de la misma fuerza invisible que seguía golpeándome por las líneas públicas, fui capaz de lograr en las personas, de manera uniforme y estable, el resultado que se conoce en tecnología como procesamiento de Scientology.
Un ensayo sobre las dificultades de la investigación en las humanidades continúa...
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