Misión: La Tierra me encantó afirmó Ray Faraday Nelson, quien forma parte de la nueva ola de este género. La CIA lo va a odiar. Sin duda estaba en lo cierto, y especialmente a la luz de acusaciones posteriores de que cierto personal de esta agencia había estado financiando operaciones en Centro América con los beneficios del tráfico de la heroína: todo ello como más o menos se describe en las páginas de Misión: La Tierra. De manera similar, encontramos todo lo que Misión: La Tierra tiene que decirnos respecto a los funcionarios antinarcóticos que aceptan sobornos más o menos acorde con los posteriores escándalos en que estuvieron involucrados algunos organismos mexicanos de imposición de la ley y el resto de las cosas que la serie ridiculiza con respecto a las multinacionales que están expoliando la tierra, las burocracias letales, los medios de comunicación conniventes, el homicidio arbitrario y la inmoralidad desenfrenada. O como aún lo describiera otro crítico: en un comentario mordaz sobre exactamente quién está haciendo qué en la tierra de hoy.
La afirmación es sumamente apropiada y, de hecho, lo es todavía más dada la configuración de la sociedad según nos acercamos al nuevo milenio. Por ejemplo, muchas de las tentativas de Heller implican sus esfuerzos por salvar a la tierra de la polución desenfrenada a manos de John Delbert Rockecenter y de los Siete Hermanos, es decir, las Siete Hermanas. En el proceso, Heller tropieza con un complot alienígena para subvertir a la sociedad voltariana con unos cuantos miles de toneladas de opio turco. (Aunque fisiológicamente superiores en ciertos aspectos, los voltarianos están, no obstante, sujetos a las mismas tentaciones viles de los terrícolas.) El resultado: una crisis de abuso de drogas absolutamente pandémica, muy parecida a la que sufrimos en la actualidad. Asimismo encontramos mucho referente a los métodos palmariamente ilegales de los organismos de imposición de la ley (como una FBI que ahora se sabe ha intervenido los teléfonos de los representantes del Congreso de Estados Unidos) y el empleo de un tal J. Walter Madison para mantener al público lector plenamente desinformado: como en la J. Walter Thompson, un conglomerado de relaciones públicas que representa intereses médicos, farmacéuticos y petrolíferos sumamente sospechosos, y al que recientemente se le ha acusado de haber ayudado a incitar la Guerra del Golfo. Finalmente, hay también mucho material relacionado con el fomento psicológico y psiquiátrico de la perversión sexual como medio de control de la población: todo ello bajo el estandarte de la Fraudosalud Mental y todo perfectamente de acuerdo con el bufé de perversiones sexuales que se anuncia ahora en todas partes bajo ese siempre popular eufemismo: El estilo de vida alternativo.
La obra maestra: Misión La Tierra continúa...
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