La Fábrica de Manuscritos

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CALIDAD FRENTE A CANTIDAD

     Yo mantengo que hay un terreno medio para la cantidad y la calidad. Una sube, la otra baja.

     Ese terreno tienes que encontrarlo tú mismo. Tú conoces el mejor número de palabras para ti y tu mejor trabajo. Si no llevas un registro de ambos, deberías hacerlo.

     Escribe demasiado poco y tu talento se irá. Escribe demasiado y tu calidad caerá. El mejor número de palabras para mí es setenta mil en un mes. Yo gano dinero con eso y vendo en los grupos de mayores porcentajes. Pero deja que haga veinte mil en un mes y me sentiré como una máquina vieja, intentando darle la vuelta sólo una vez más antes de que expire. Deja que haga cien mil en un mes y estaré en posesión de varias pilas de tropezones.

     El equilibrio económico es algo que tú mismo debes descubrir. Pero para descubrirlo se requieren cifras. Un mes, cuando solía hacer cien mil de promedio, estuve afectado de alguna vaga enfermedad que me causaba gran dolor y me mandó a la cama.

     Durante una semana no hice nada. Después, en la siguiente, estuve ahí tumbado y pensé en historias. Mi promedio, eso creía yo, se fue al traste. Hacia fin de mes, hice que me construyeran una pequeña mesa, e incorporado en la cama escribí un texto de diez mil palabras y dos de veinte mil. Ese fue todo el trabajo que hice. Vendí cada palabra y gané más en ocho días de lo que había ganado en cualquier mes anterior.

     Eso me enseñó que debe haber algún promedio intermedio. Lo hallé y la paga ha permanecido alta.

     Es inútil mantener al personal de la fábrica listo y la maquinaria funcionando cuando no tienes materia prima.

     No te puedes sentar y quedarte mirando fijamente a las teclas y desear que fueras capaz de escribir, y maldecir tu bajo promedio del mes. Si no puedes escribir ese día, por el amor de Dios, no escribas. Lo más probable es que cuando llegue mañana y hayas pasado el día anterior gruñendo y sin hacer nada, estarás tan estéril mentalmente como antes.

     Olvida lo que lees acerca de tener que trabajar tantas horas cada día. Ningún escritor que conozco tiene horas de oficina fijas. Cuando no puedas escribir, cuando esté lloviendo y el niño esté llorando, ve a ver una película, ve a charlar con un policía, ve a desenterrar un libro de historias de hadas. Pero no sudes inactivamente sobre una máquina de escribir. Sólo estás manteniendo al personal listo y la maquinaria funcionando, te estás comiendo tus gastos generales y no estás sacando nada. Te estás costando dinero a ti mismo.

La Fábrica de Manuscritos continúa...



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