La Fábrica de Manuscritos

     Regresa cuando estés fresco y trabaja endemoniadamente. A las dos de la mañana, al mediodía, a las ocho de la noche, trabaja si te apetece y al diablo con el ruido que hagas. Después de todo, a la gente que tiene que escucharte, probablemente la alimentes tú, y si no pueden soportarlo, déjales que sean ellos los que ganen el sustento. Yo tengo mis “accesos” de trabajo por la noche, y luego duermo hasta tarde durante el día. En una ocasión, en el campo, los granjeros me acosaban cada día con esas imperdonables dormidas hasta tarde. No me preocupó tanto después de recordar que yo había ganado en un mes lo que ellos ganaron en un año. Ellos piensan que todos los escritores están locos; saca la licencia de escritor y sácale el máximo provecho.

     Pero no finjas temperamento. Realmente no existe. La irritación sí, y debe evitarse escrupulosamente.

     Cuando todos los plumíferos con veleidades de artista (que no ganaban dinero) charlaban con una joven y le decían que no podían escribir a menos que estuvieran cerca de las montañas, o a menos que la habitación tuviera cierta temperatura, o a menos que se les sirviera té cada media hora, la joven dijo con semblante grave: “¿Yo? Ah, yo jamás puedo escribir a menos que esté en un globo o en el Océano Pacífico”.

     Una cosa que recordar. Parece que resulta que tu máquina para escribir puede soportar sólo hasta cierto punto. Después de eso, el cerebro se rehúsa a entregar argumentos e ideas.

     Es como conseguir un gran contrato para vender tu jabón a la armada. Haces mal jabón, arruinas los tanques con un ingrediente fuerte y dejas que la maquinaria más fina se quede herrumbrada por falta de uso. Luego, cuando el contrato de jabón con la armada deja de ser la fuente de tus ingresos, descubres que la planta es inservible para cualquier otro tipo de producto.

      Tal es el caso del escritor que ve un gran medio de vida en la novela de ficción barata, la produce a expensas de su vitalidad, y finalmente, años antes de que le corresponda, descubre que está acabado. Sólo un escritor de los que yo conozco puede mantener una elevada producción de palabras. Es la excepción, y no se está quemando. Está hecho de esa manera.

      Pero el resto de nosotros evitamos una marca demasiado barata. Sabemos que una paga mayor sólo nos llevará a gastar más. Pronto, cuando se retira la meta de nuestros indignos esfuerzos, descubrimos que no somos capaces de escribir nada más. Eso es lo que se entiende por rutina.

      Tan pronto como empiezas a producir historias que no respetas, tan pronto como empiezas a producirlas al por mayor durante un período de tiempo, tan pronto como tu número de palabras se sale de control, entonces espera años de escasez.       Para llegar a cualquier lugar en el oficio de alguna manera, deberías producir lo mejor que hay en ti y seguir produciéndolo. Nunca tendrás éxito en las pulps a menos que lo hagas, y mucho menos en las “slick”.

      Si comienzas en el peldaño más bajo, haz el mejor trabajo que seas capaz; tu producto, de acuerdo a las leyes de la economía, se encargará del aumento por ti. Al hombre no se le paga por la cantidad de trabajo en número de horas; se le paga por la calidad de ese trabajo.

La Fábrica de Manuscritos continúa...



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