En otras palabras, no puedo hacer nada con una idea de un relato obvio como se presenta en Mecánica Popular o en Medicina Forense. Quiero un hecho pequeño y olvidado. A partir de ahí, un hombre puede ir a cualquier parte, y muy probablemente se podría probar que el relato es bastante insólito.
Por ejemplo, en un viejo volumen descubrí que existían cosas tales como un profesor a bordo de los buques de guerra de Nelson. Eso era algo muy extraño. ¿Por qué querría Nelson tener un profesor?
Respuesta: guardiamarinas.
¿Cuándo ocurrió esto?
Respuesta: durante las Guerras Napoleónicas.
¡Ah! Ahora descubriremos qué aspecto tenían esos viejos barcos. Descubriremos cómo peleaban, qué hicieron.
Y ahí estaba el profesor durante la batalla. ¿Dónde?
En la enfermería de combate ayudando a amputar brazos y piernas.
La siguiente pista indicaba a: cirugía durante las Guerras Napoleónicas.
Una conjetura descabellada en otro campo relacionado: la artillería.
Nuevamente: Nelson.
Una batalla: en el Nilo.
Un barco o algo extraño acerca de esta batalla: LOrient, buque insignia francés de monstruosas dimensiones que misteriosamente se incendió y explotó, inclinando el poder de los cañones a favor de Nelson.
Descubrimiento casual: El niño en la cubierta que está incendiándose fue escrita acerca del hijo del capitán de LOrient.
Volviendo a los guardiamarinas, los muchachos de la carta del Rey: eran un tormento constante, granujillas arrogantes y tremendos, a los cuales se entrenaba como oficiales.
Y con todo esto bajo mis cascos, me puse sobre las armas. Después de unos cuantos días de investigación, tenía terminado: Mr. Tidwell: Gunner, que apareció en Adventure.
Todo esto debido a que casualmente encontré que había un profesor a bordo de los buques de guerra de Nelson.
Esto está sucediendo ahora continuamente porque no he dejado que la idea pasara de largo, como mi pereza me dictaba que hiciera.
El golpe de estado llegó el invierno pasado.
El aburrimiento se había alojado intensamente en mí y una noche me senté mirando fijamente distraído un estante de libros. Eran de lo más monótonos. Colecciones completas se extendían a lo largo de los estantes, con muy poco cambio en el color o el tamaño. Esto me molestó, me incliné hacia adelante y tomé uno, sólo para mitigar la costumbre.
Resultó ser Astoria, de Washinton Irving, su famosa epopeya sobre la época del comercio de pieles.
Nunca había caído en la cuenta de que Irving hubiera escrito ese libro, y para descubrir por qué lo hizo, rápidamente comencé a leerlo. El resultado fue, desde luego, un relato acerca del comercio de pieles; pero el método de llegar a este relato fue tan indirecto que merece que se le eche una mirada.
Irving sólo ayudó a hacerme ver que me encontraba en el noroeste, zona del comercio de pieles, y que sin duda, más me valía tomar ventaja de la historia del lugar.
Fui de un lado a otro y encontré muy poco porque no tenía un punto de partida directo. Acudí a la Enciclopedia Británica para descubrir una bibliografía de este tipo de libros de consulta, y comencé de nuevo a sacarlos a la luz.
Todos estos libros eran coetáneos de la época del comercio de pieles, todos ellos escritos, por supuesto, por el hombre blanco; pero me seguía tropezando por todas partes con las frases: Los belicosos Pies Negros, Los sanguinarios Pies Negros.
La Búsqueda por la Investigación continúa...
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