![]()
espués de los cheques, lo más intangible en este oficio de escribir es esa cantidad: Suspense.Es casi tan evasivo como un elogio por parte del editor, tan difícil de arrinconar y reconocer como un escritor bajo contrato.
Pero sin temor alguno a que se me contradiga, puedo decir que el suspense, o mejor dicho, la carencia de él, es probablemente causa de más rechazos que el decirle al editor que está equivocado.
Agarras el correo de la mañana, encuentras un sobre grande marrón. Lees una nota que dice secamente: Le falta suspense.
Tu esposa empieza a cocinar habichuelas; tú comienzas a imprecar contra la frase más enigmática, inexplicable e imposible que hay en toda esa multitud de frases de rechazo.
Si el editor hubiera dicho: No creo que tu héroe las haya pasado lo bastante canutas para matar a Joe Blinker, te habrías podido sentar de inmediato y matar a Joe Blinker de una manera más concienzuda.
Pero cuando el editor te estigmatiza y te maldice con ese primo carnal del infinito, el Suspense, simplemente te sientas e imprecas.
Frecuentemente, el editor, apurado y asediado por pilas de manuscritos más altas que el Empire State, tiene que decirte algo para explicar por qué no le gustan tus mercancías. Así que es posible que se concentre en la acción. Puedes decirle (y si eres listo, no lo harás) que tu acción ya es tan rápida que tuviste que engrasar el rodillo de tu máquina de escribir para evitar que la goma se calentara.
Quizá diga que tu trama no es buena en absoluto, pero sabes condenadamente bien que es una buena trama y que ha sido una buena trama durante dos mil años.
Como dije, quizá esté apurado cuando te haga esos comentarios. Tal vez el editor odie decirte que careces de suspense porque es algo como el olor corporal: ni tus mejores amigos te lo dirían.
Pero lo importante es que existe la posibilidad de que se refiera al suspense, ya sea que diga que tu Mary Jones le recuerda a los Perils of Pauline o que el clímax es soso.
Aquellos que han estado en este oficio hasta que de las uñas de sus dedos sólo quedaban vestigios, muy a menudo confían demasiado en su técnica. Así me pasa de vez en cuando, hasta que algo me pone en mi lugar y me avergüenza. Simplemente se te olvida que la técnica no es un hábito, sino un conjunto constante de reglas que deben refrescarse en tu mente con frecuencia.
Por lo tanto, en el apuro de poner un manuscrito en el correo, no es raro pasar por alto algún factor de poca importancia que supondrá la diferencia entre la venta y el rechazo.
Suspense continúa...
| Anterior | Glosario | Índice | Siguiente |
| Encuesta | Sitios afines | Librería | Página principal |
L. Ron Hubbard, L'Écrivain | L. Ron Hubbard, Lo scrittore
L. Ronald Hubbard, El escritor | L. Ron Hubbard, Der Schriftsteller
L. Ron Hubbard, The Writer
Contact Us© 1998-2008 Iglesia de Scientology Internacional. Todos los derechos reservados.
Para información sobre marcas registradas