La morosa agonía del suspense... hizo que el lector se inclinara hacia adelante por la tensión, que devorara la página, que contuviera la respiración ...

     En el primer ejemplo, la sorpresa de que un centinela hubiera estado ahí y de que Smith fuera descubierto, quizá hizo que el lector parpadeara.

     La morosa agonía del suspense en el segundo ejemplo, hizo que el lector se inclinara hacia adelante por la tensión, que devorara la página, que contuviera la respiración...

     O al menos espero que lo hiciera.

     Pero ese es el meollo del asunto. Mantén a tu lector preguntándose cuál de las dos cosas sucederá (es decir: ¿lo logrará Smith o lo descubrirán?) y capturas su interés. Enfocas su mente en una intricada serie de sucesos y eso es mucho mejor que hacer que se atonte un poco con un rápido puñetazo en la médula oblongada.

     Esa es casi la única forma en que puedes intensificar el drama a partir del melodrama.

     Por supuesto, no es posible listar todas las formas en que se puede usar este método. Pero es posible recordar el hecho de que el suspense es mejor que la pelea.

     Y hablando de pelea, existe un lugar en donde se puede hacer que el Viejo Suspense trabaje como un pastor que lleva a cabo bodas en Elkton.

     En el mejor de los casos, las peleas son para llenar huecos. El escritor que las incluye por el gusto de la pelea en sí, y no por los efectos que tiene en los personajes, es un escritor que está abocado al olvido final, aun en los libros que son meramente de acción.

     Puedo decir, confirmado por la tendencia actual, que el viejo proverbio de la acción por el gusto de la acción era correcto. Un relato repleto y atestado de descripciones, golpe tras golpe, de lo que el héroe le hizo al villano y de lo que el villano le hizo al héroe con los puños, cuchillos, pistolas, bombas, ametralladoras, cabillas, bayonetas, gas venenoso, estricnina, dientes, rodillas y crampones, es casi tan interesante como leer el Congressional Record (Diario de sesiones del Congreso) y casi dos veces más aburrido. Te expones a que el lector comente: “Bueno, ¿y eso qué?”.

     Pero las peleas acompañadas de suspense son otra cosa.

     Presencia la situación en la que el primer personaje en cuestión lucha por la posesión de una goleta, de una chica o de una bolsa de perlas. continuamos, a menos que tengas un ejemplo mejor de cómo hacer una trama trillada. Nos encontramos en la goleta. El héroe se escabulle del camarote y ahí está el villano que se dirige a hundir la nave. Así que tenemos una pelea:

     Jim se lanzó a las piernas de Bart, pero Bart no era fácil de derribar. Se separaron. Jim asestó el primer golpe con la izquierda, rematando con la derecha. Black Bart lo esquivó y dio un contragolpe. Los huesos y tendones chasqueaban en el poderoso estruendo del conflicto... Jim golpeó con su derecha... Bart respondió con una patada en la espinilla...

     Ahí tienes una obra maestra para archivarla en la papelera. Pero créelo, esta misma trama de siempre y la misma pelea de siempre tienen una apariencia muy diferente cuando le agregas suspense. Incluso es posible que se vendan si se extraen partes y se les da esta entonación:

     Jim echó un vistazo hacia afuera del cuarto de mapas y vio a Black Bart. Con agua chorreando por sus ropas, sus dientes al descubierto, su pecho palpitante tras un largo trecho a nado, Bart se erguía en un charco de agua que crecía con el que resbalaba por sus brazos y piernas. Su mano aferraba un hacha presta a cercenar la guindaleza y liberarlos hacia la corriente de la impetuosa marea...

Suspense continúa...


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