Perplejo por el Papel Pulp por L. Ronald Hubbard

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I ERES TÍMIDO Y TE TURBAS CON FACILIDAD, POR FAVOR DEJA ESTE ARTÍCULO A UN LADO.

     Si tuviera sentido común, no escribiría esto y ni siquiera lo mencionaría, ya que, como dijo una vez un amigo precavido: “Han colgado a muchos hombres por menos”. Pero si estoy haciendo algo malo, haz el favor de tener en cuenta que esto no es una crítica severa contra los editores, sólo un intento de ayudarlos a ellos, a mí mismo y a nuestros camaradas. Además, no es una crítica severa contra los editores, ya que estos tampoco pueden hacer nada al respecto, en este momento; y no es una crítica severa contra las pulps, pues me gustan las pulps y escribo pulps, y creo que a muchas de ellas se les ha subestimado mucho como literatura.

     Me refiero, y que Dios me ampare, a la publicidad de las pulps, y me refiero a ella en los términos en que dos mil escritores hablan de ella; y creo que ya va siendo hora de que alguien diga algo, y da la casualidad de que en este instante estoy realmente furioso.

     En un número reciente, una de mis novelas cortas continuaba en la parte posterior de una de nuestras pulps. Justo en el punto en que la heroína se estaba mostrando muy cohibida y en que el héroe se estaba portando con mucha cortesía y decencia, y evitando que ella perdiera su pureza, vi este anuncio:

     SE REVELAN AUDAZMENTE LOS SECRETOS PROHIBIDOS DEL SEXO

     Desechemos la falsa modestia. Por fin un médico famoso ha contado todos los secretos del sexo en un lenguaje franco y audaz. Nada de rodeos puritanos, nada de pistas veladas, sino LA VERDAD...

     ¡Imagina la vergüenza de mi delicada heroína cuando se la enfrentó con eso!

     Se ha dicho antes, y con frecuencia, que las revistas de pulps tienen que tener algún tipo de publicidad, pero nadie se ha molestado en explicarme exactamente por qué un grupo con una tirada garantizada de medio millón debe aceptar ese tipo de publicidad.

     Y alguien ha dicho en algún lugar que esos anuncios deben aparecer en alguna parte, y en realidad los anuncios no tienen nada de malo; sólo están fuera de lugar.

     Las pulps, ¡benditas sean!, imprimen las historias más decentes que aparecen en los quioscos en general. Las pulps tienen tabúes que son comunes en las oficinas de revistas slicks.

Perplejo por el Papel Pulp continúa...


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