En relación con esto último, lo más divertido que he visto este mes es una columna de una revista de detectives que desenmascara, para los lectores, fraudes organizados. Este mes, el columnista desenmascara cierto negocio, y justo ahí, en el anuncio al otro lado de la página, está el texto publicitario completo, al pie de la letra, que está desenmascarando.
También omito los clubes de amigos por correspondencia y moneda antigua. Omito el único rasgo atenuante: esos anuncios de cigarrillos de apariencia de primera, al final de la revista y un par de anuncios de muebles.
Pero esos son todos. Sólo esos; ninguno más. Ya abarqué todo el campo.
El argumento en contra de la publicidad de grandes empresas en las pulps es doble. La empresa grande no quiere tener esa compañía, y las ganancias por esos anuncios en pulps no son suficientes. Estos son argumentos apropiados en contra.
Pero a esto es a lo que quiero llegar. Tú y yo somos escritores. Se supone que no tenemos por qué saber nada de estas cosas. Pero si te reíste disimuladamente o te sonrojaste mientras leías este artículo, entonces, por favor date cuenta de que tu amigo el lector hace exactamente lo mismo. No es diferente a nosotros, excepto que es probable que nosotros seamos un poco más tontos que él.
Estoy cargándome con un buen peso al escribir esto. No creas que hablo como si supiera todo lo que es bueno, porque esto no me beneficia en absoluto.
Allá en las oficinas de publicidad de los Cinco Grandes, supongo que los publicistas enojados llevarán este artículo a su jefe y lo maldecirán. Luego se correrá la voz por la oficina de que cada vez que L. Ronald Hubbard tenga una historia en Dashing Stories (Historias Elegantes), en Gun-Slingers (Pistoleros) o en Gun Novels (Novelas de Pistoleros), la tirada se reducirá. Porfa, no más Hubbard, ni paatrás.
La gente tiene derecho a molestarse por esto. En cierto modo, cosas así le quitan el pan de la boca a los bebés (yo tengo dos, gracias).
Pero nadie boicoteará a un tipo que intenta con denuedo hacer que la revista sea rentable. Bueno, aunque parezca que de manera indirecta, estoy tratando de elevar lo que se me paga, lo que se te paga a ti y las ganancias que se obtienen del libro.
Esta idea no es original mía. No me la atribuyo y no hablo con autoridad por alguna organización. Sin embargo, no he mencionado soluciones. Eso es para el otro individuo; ese es el asunto de la empresa de la que hablo, que ayuda a escritores y editores por igual. Uno de estos días se propondrá la solución y todos serán muy felices, en especial tú y yo, con un gran cheque en el bolsillo en lugar de uno pequeño.
Los editores miran con recelo a los escritores y su organización. Creen que el propósito que tienen en mente es sacar a la fuerza más dinero por palabra del tambaleante presupuesto editorial.
Da la casualidad de que eso no es verdad. Si un escritor puede impulsar las ventas de un libro, y si puede aportar ayuda real y pertinente, y si tiene cualquier idea respecto a lo que hace que la plata llegue, entonces se le debe permitir que exprese su opinión en paz. Que no se le permite es verdad para pena eterna de muchos hombres y quizá lo vaya a ser para la mía.
Pero alguien tiene que decir algo al respecto antes y yo lo estoy diciendo en este momento. Pronto, si tú y tú y tú proporcionáis apoyo moral a esto, veremos que todas las grandes agencias de publicidad prestan atención y (lo que es más importante) pagan en efectivo a las pulps.
Se ha dado el primer paso. No soy un cruzado, sólo dejo constancia de ello. Desde que inicié este artículo, se me ha dicho que te podía decir esto. Quería estar seguro.
Perplejo por el Papel Pulp continúa...
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