Pero yo corregí la sinopsis para no tener que salvar más que al Imperio Ruso, y sólo liquidé más o menos a una docena de hombres. En realidad, mi trama era verdadera literatura.

     La conversación que en realidad tuvo lugar (Burks la arregló en su artículo de manera que él lo había dicho todo) fue de la siguiente forma:

     BURKS: Yo digo que parece un sombrero. Un kubanka.

     HUBBARD: De ninguna manera. Pero asumiendo que así fuera, ¿y eso qué? Los demás observaron el objeto y Stuart le dio vuelta en sus manos mientras  lo miraba pensativo.

     BURKS: Escribe una historia acerca de él.

     HUBBARD: Está bien. Hay muchas personas sentadas en círculo en un cuarto jugando este juego en que lanzas cartas a un sombrero y apuestas sobre cuántas metiste. Pero en lugar del sombrero, están usando una papelera recubierta de piel.

     BURKS: ¿Una papelera recubierta de piel? ¿Quién ha oído jamás algo semejante?

     HUBBARD: Lo acabas de oír. Y quieren saber sobre esta papelera recubierta de piel, así que el anfitrión mercenario les dice que es un kubanka que encontró, y no soportaría deshacerse de él, aunque es de muy mala suerte ya que quizá una docena de hombres fueron liquidados a causa de él. Así que les cuenta la historia. Es una “estructura de soporte” para el relato; una maravilla de estructura.

     BURKS: Pero me harás parecer un mentiroso en mi artículo.

     HUBBARD: Pues te haré parecer un mentiroso en el mío.

     Así que empecé a tramar la historia. Este sombrero es algo muy valioso, como es obvio, si va a ser el personaje central de una historia. Y es el personaje central. Toda la atención se centra en él. En segundo lugar, estaré escribiendo un relato en segunda persona.

     De cualquier modo, de niño siempre me intrigó una ilustración de un libro del saber humano. Bellas fotografías rojas de un soldado de caballería, una pelea, un soldado de caballería muerto.

     Has oído hablar de la vieja historia: por falta de un clavo se perdió la herradura, por falta de una herradura se perdió el caballo, por falta de un caballo se perdió el jinete, por falta de un jinete se perdió el mensaje, por falta de un mensaje se perdió la batalla y todo por falta de un clavo de la herradura de un caballo.

     Así que no va a ser el clavo de la herradura de un caballo, sino un sombrero, lo que pierda una batalla o quizá una nación. Siempre he querido copiar esa trama sobre el clavo, y aquí estaba mi oportunidad para crear verdadera ficción a partir de ella. Un sombrero. Un imperio perdido.

     Muy lejanos entre sí, ¿no? Bueno, me acercaría a ellos furtivamente y tal vez los intimidaría para relacionarlos de alguna manera. Hice que el sombrero pareciera lo bastante ominoso, y cuando yo iniciara la marcha, tal vez se haría la luz. Allá vamos:

     “Ese es un sombrero de aspecto curioso”, comenté.

     Los demás observaron el objeto y Stuart le dio vuelta en sus manos mientras lo miraba pensativo.

     “Pero no es un sombrero muy divertido”, dijo Stuart con lentitud. “No sé por qué lo conservo. Cada vez que lo cojo me pongo nervioso. Sin embargo, fue muy costoso como para desecharlo”.

     Era extraño, pensé. Stuart era un tipo grande de cara muy cuadrada y con el bolsillo lleno de dinero. Compraba todo lo que se le antojaba y las riquezas no significaban nada para él. Sin embargo, estaba hablando de costo.

     “¿Dónde lo obtuviste?”, inquirí.

     Todavía sosteniendo el objeto, todavía mirándolo, Stuart se sentó en un sillón. “Lo he tenido durante mucho, mucho tiempo, pero no sé por qué. Derramó más sangre que la que una docena de sombreros del mismo tipo podría contener, y todos podéis ver que este podría contener mucha”.

     Algo triste en su tono hizo que nos sentáramos a su alrededor. Stuart, por lo general, hacía bromas acerca de cosas de ese tipo.

[imagen]


La Magia Salida de un Sombrero continúa...


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